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Escrito por Matías Iturbides
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Monday, 03 de September de 2007 |
Creo que no había entrado todavía la década de los 80. El caso es que una mañana cualquiera de un domingo cualquiera, me levanté bien temprano, tomé un pequeño libro de poesías que había comprado recientemente en la Feria del Libro -cuando eso se celebraba en los patios de la Fortaleza Ozama-, crucé la calle y busqué cobijo en el colmado del frente que todavía estaba cerrado.
El sol todavía era muy tibio y naranja. Luego llegó Luis Manuel tal y como habíamos quedado.
No recuerdo el motivo del encuentro a esas horas de la mañana, pero iniciamos a leer el librito que yo había traído.
Era de Rubens Suro. Eso sí lo recuerdo. Mientras leíamos, un extraño que pasaba por allí se acercó interesado en lo que hacíamos y nos pidió que le mostráramos el libro. Leyó unos versos y de repente dijo: "les voy a decir uno que todavía no se ha publicado..."
Se puso serio. Escuché el sonido de sus pulmones anchándose, y entonces comenzó a recitar un poema. Se sumergió tanto en su declamación que todo su cuerpo se convirtió en marioneta de su voz.
Hoy reconozco que hizo una declamación perfecta y magistral, pero en aquel entonces, en plena edad del pavo me provocó risa.
Luis Manuel y yo rompimos a reír como dos idiotas. El poeta se detuvo, su voz liberó su cuerpo y su mente tomó el control. Se enojó, me devolvió el libro, se identificó como el autor y se marchó.
Quedamos totalmente avergonzados. Entonces Luis Manuel me pidió que le diera alcance y le pidiera disculpas, pero no pude. Nunca pude. Con los años, cada cierto tiempo tuve la intención de averiguar su paradero e ir a pedirle disculpas por aquella estupidez de adolescentes.
Pero siempre me atemorizó su reacción o que no fuera el verdadero Rubens Suro ese personaje que aquel domingo cualquiera me quitó un libro de las manos para luego declamar un poema.
En fin, que ahora que el Poeta está muerto nunca lo sabré. Pero de todos modos tenía que decirlo. Sabia que algún día debía solicitar su comprensión y dar las gracias, mil gracias, a quien quiera que haya sido el personaje marioneta de su voz que aquel día nos regaló ese inédito poema. |